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Ponele las ventosas al hombre invisible

jueves, 16 de abril de 2026

Diatriba contra la mentira

Pudiendo decir la verdad, muchas veces la gente decide mentir. No es nada original lo que digo. Es obvio, de hecho. La tonta soy yo por no acordarme de que pudiendo decir la verdad, muchas veces, la gente decide mentir.
No me refiero a mentir para defenderse o para no lastimar. Tampoco a eso que pasa cuando sin querer decís algo diferente, algo similar a cambiar de parecer o sencillamente olvidaste que antes dijiste una cosa y después otra, probablemente porque no prestaste tanta atención o no te importaba tanto.
No.
Me refiero a cuando pudiendo decirte la verdad, la gente decide mentirte. En la geta. A boca de jarro. A cara de perro. 
Yo siempre fui inocente, crédula, tirando a boluda más bien. 
La primera vez que alguien me mintió tenía 13 años. Seguro no fue la primera vez pero es la que me acuerdo como la primera vez. Tenía una amiga, una mejor amiga. Éramos inseparables: hablábamos todo el día, todo el tiempo. Sabíamos todo la una de la otra. A mí me gustaba mucho un chico, fuimos novios creo que dos días y ella después fue y se lo chapó. Me dijo que no había pasado nada. Él me contó la verdad. Al mismo tiempo que ella me decía que no había pasado nada.
Y ahí entendí: que la gente si puede te va a mentir. Pudiendo decirte la verdad, a veces, elige mentirte. No lo hizo para cuidarme, lo hizo para cuidarse. 
Es más común que la gente mienta a que la gente no mienta. Jack Antonoff, por ejemplo. Le mintió durante meses a Lena Dunham. Y Lorde... 
Hay gente que sostiene mucho las mentiras. A mí se me nota mucho cuando miento. No puedo sostener nada. Se me desfigura la cara, parezco Chandler intentando sonreír para las fotos. 
Una vez le mentí a un novio. Habíamos acordado los dos ir a terapia, nos estábamos llevando mal. Pésimo. Fui dos sesiones y dejé, porque el psicólogo me dijo que me tenía que separar. Entonces no fui más. Él ni se dió cuenta de que no seguí yendo. Mi novio, digo. No el psicólogo. Hubiera sido gracioso que el psicólogo no se dé cuenta de que no fui más. De repente creía que estaba tratándome y no. No era yo. Era otra persona que se parecía a mí. 
Mi novio de ese momento se quejó de algo del dinero y ahí confesé que no estaba yendo más al psicólogo. Se enojó. No porque le hubiera ocultado la verdad sino porque él seguía yendo y yo no, cuando habíamos acordado ir los dos. "Vos lo necesitás más" le dije. No me discutió, sabía que tenía razón. Igual nos separamos. Necesitábamos muchos psicólogos y muchas mentiras para rescatar esa relación. 
Mentir es como ser un poco otra persona. 
Conocer a alguien nuevo es la oportunidad de mentir descaradamente. Si esa persona no tiene amigos en común con vos no tiene forma de chequear que lo que digas es cierto. 
Las apps de citas y las redes sociales sirven mucho para mentir. De hecho es donde la gente más miente. Dice que vio series que no vio, que leyó libros que no leyó, que es feliz cuando no lo es. Una vez subí una foto en un lugar donde ya no estaba, era una foto vieja. De unos días atrás. La vieron bastantes personas. Me sentí mentirosa: Yo no estaba ahí en ese mismísimo instante. Había estado ahí. Pero ya no. Era jueves o viernes o lunes. No me acuerdo bien, pero estaba pensando en eso porque había visto a una amiga mentirme descaradamente varias veces, en cosas sin importancia, y pensé "si ella puede, por qué yo no". 
Agarré a la primera persona con la que matchee en Tinder, la invité a salir y propuse un bar aleatorio. Si me pregunta cuándo nací le voy a decir que el 14 de abril: todo el mundo cumple años el 14 de abril. Además es armónico, suena lindo. Mi fecha de cumpleaños también pero el chiste es mentir. Mentir sin piedad. Porque sí. Decir que soy alguien que no soy. Que tengo otro signo solar, otra historia de vida: ¿Quién quiero ser? ¿Alguien más aburrido? ¿Alguien más exitoso? ¿Cuál es mi nueva origin story? Todos tenemos una. La araña que picó a Peter Parker. Voldemort intentando matar a Harry cuando tenía un año y fracasando. Marty Mc Fly intentando que su mamá no se enamore de él. 
No puedo decir nada relacionado a Deloreans y viajes en el tiempo, arañas con poderes o magos que me odian porque ya está trillado. Cualquiera se daría cuenta de que esas historias no son mías. Yo quiero una historia propia: una nueva, no la mía de siempre. Cada vez que me conozco con alguien cuento lo mismo. Se vuelve automático, después de varias veces: una, dos, tres citas. Cerveza artesanal o Fernet, garches y conversaciones mediocres. Dos, tres citas. Tu casa. Si me caes un poco bien quizás la mía. Si me pareciste un poco lindo e interesante, quizas conozcas a algún amigo mío pero de casualidad. Dos, tres citas. Mensajes todos los días: "buenos diassss bella como andas?" Mal ando. Mal. Mi vida está completamente desordenada, me cuesta todo e igual estoy en esta tarea enfermiza de intentar tener alguna conexión real con alguien. En todo el rally de citas quizás alguno, de casualidad, quizás, la estadística dice 1 cada 20, me guste, me mueva algo. Un poco. Es lindo cuando pasa eso: empezás a tener cierta sensación. Una parecida a ver una buena peli. Un dejo de esperanza. Saliste y... ¿Te... reíste? Con alguien. Generaste complicidad. Encima hubo piel. Le importó ALGO tu existencia. Insólito. Esperás mensajes con cierto ahínco y de repente lo vislumbrás, ahí, muy muy a lo lejos: claro, cierto. Yo tenía la capacidad de sentir... cosas. No me estoy convirtiendo en una IA. Pero al toque ya entendés que no va a poder ser. 
Que justo ese con el que hubo un ápice de onda se va a estar separando, o va a estar en un pozo clínico depresivo, o vendiendo falopa, o te va a contar como si nada que tiene armas en la casa. O todo eso junto. 
Entonces lo mismo. Una cita, dos citas. Ya estoy repitiendo tangas. Nadie lo sabrá, de todos modos. Conversaciones genéricas, algo que se supone que es comer y cojer pero que ya es una repetición de eso. Como un croquis. Una maqueta. De repente, lo esperado. Alguien deja morir el chat. Fácil, expeditivo. Excusas que no son mentira pero sabés que el que quiere mueve cualquier cosa para ver a alguien que le gusta, le roba cualquier segundo a la rutina para encontrarse: "uy, estuve a full, disculpame, justo un amigo se mudó y lo tuvimos que ayudar estos días". "Tuve mucho laburo". "Se me rompió el celular". 
Nadie vuelve a hablarse con nadie. Nadie vuelve a coger con nadie. El ciclo vuelve a empezar. Abrir una app, hacer match. 
Podría ser azafata. Sería increíble. Pero no. No doy azafata. Para empezar, no sé ningún idioma. Apenas puedo con el español. 
Podría ser arqueóloga, no, mejor música... Pero no tengo motricidad fina.
¿Actriz? Ingeniera. Programadora. El mundo entero está a mis pies. Es como tener un menú infinito y poder elegir la comida que yo quiera. 
A ver, nací el 14 de abril y soy... Astronauta. No. Imposible, ningún astronauta usa apps de citas. Conocen gente en la NASA o en los lugares donde suelen ir los astronautas. ¿Dónde suelen ir los astronautas?
¿Maestra? No sería mentira. 
O sea sí, pero no. Profesora dice mi título. La edad de los chicos a los que les enseño dice que soy maestra. 
Por eso soy pésima con las mentiras, no podría ni siquiera empezar a pensar en dónde mentir, en dónde inventarme algo diferente a la realidad.
Llega el primer "Hola" de la víctima, "no conozco ese bar pero me copa la idea", ¿La gente que miente sabe al cien por ciento que está mintiendo o se creen todo lo que dicen? Clavo el visto. Ya me aburrió el objetivo que me puse en frente. Me metí en un berenjenal yo sola, ahora necesito inventarme una identidad nueva, una historia de vida que sea espectacular y no se me ocurre nada. 
Voy a la cita. Ya fue. Voy a improvisar. Todos los profes somos medio comediantes, improvisamos todo el tiempo. Puedo hacer eso. Sí. 
En lugar de inventarme algo solamente hago preguntas y evado las respuestas. Los tipos son increíbles, deben ser la única especie en el planeta que pueden estar tres horas hablando sin repreguntarte absolutamente NADA de lo que les preguntan. Si los orangutanes hablaran estoy segura de que harían más preguntas que un tipo. 
¿Cuáles son tus discos favoritos? The dark side of the moon, Led Zeppelin II, La biblia, LA Woman. ¿Y tus libros? No leo nada bueno hace mucho pero si tuviera que decir uno... Sí, claramente, Farenheit 451 y Un mundo feliz. La indignación por su falta de preguntas instantáneamente desaparece cuando pienso que este tipo es yo a los 14 años. ¿Cómo tú libro favorito va a ser Farenheit 451 si tenés más de 30? Ahí entiendo que me está mintiendo. Le da vergüenza decirme que no lee un carajo, que desde tercer año del secundario no se sienta a escuchar un disco nuevo y nombró todos sus gustos de la adolescencia. ¿No ponés el Spotify descubrimiento semanal? ¿Ningún amigo te mostró una banda nueva desde 1980? Este chabón no tiene personalidad: ¿Realmente se llamará Elías, como dice su biografía de Tinder? Sonrío mientras pido otra birra. 
Le propongo un juego: Kill, Marry, Fuck con personajes de Los Simpson: Krusty, Homero, Lisa. Me dice que se cojería a Lisa, le pregunto si se culearía a una menor de edad y siento asco. No le cuento que ví Los Simpson de grande. Hice muchas cosas que todos experimentaron entre los 3 y los 16 años de grande: probar falopa, ver los Simpson, ver Gossip Girl, cojer en el baño del San Bernardo después de probar falopa. 
Me hago la fanática número 1 de los Simpson. Nombro unos personajes medio random que aparecen en un sólo capítulo, tipo Fidel Castro, el hermano malvado de Bart y Lenin: mi primera mentira de la noche. Aunque pensé que iba a tener alguna sensación de satisfacción, o algo. Culpa. Aunque sea culpa. No sentí nada. Era lo mismo decirle que amo Los Simpson como que mi papá fue soldado nazi en la segunda guerra. Del otro lado: nada.
Elías me invita a la casa, pide la cuenta y se va al baño. Probablemente a tomar falopa. Pago. Cuando vuelve no le pido que me pase su parte: me hago la pudiente. Segunda mentira de la noche. Busco en el más profundo hueco de mí ser alguna señal que se parezca a alguna sensación: nada. Quizás porque ya tengo tres birras encima, pero siento que es súper aburrido mentir y encima ahora tengo mucha guita menos y es fin de mes.
Al día siguiente me voy a arrepentir de esto, pero ya entré en la vorágine. No sé bien qué vorágine porque no terminé de diagramar bien mi personaje, no sé si puedo pagar las 100 lucas que gastamos porque soy ingeniera, programadora, heredera, dealer. Me carcome la cabeza no saber, pero si al chabon no le importa a mí tampoco. Siga siga todo pelota. 
Mientras caminamos para su casa le digo "che, el 14 de abril es mi cumple, ¿qué me vas a regalar?" Me sonríe, "yo cumplo el 14 de mayo, un mes después, ¿qué loco no? Cuando nací había 7 planetas en tauro, por eso soy un pajero, bah... Eso dice mi vieja, yo de astrología ni idea". Todavía no me vio una teta y ya me está mencionando a la mamá: ¿Por qué? ¿Y por qué se ríe como un chanchito? Me fuerzo a sonreír, le digo que mi vieja también es astróloga, ya para este momento perdí la cuenta de en cuanto le mentí pero de algo estoy segura: no siento nada. No me siento ni más feliz ni más parte de algo como todos esos que ponen en Instagram que están viendo la serie de moda que todos están viendo, o que aman ese disco inescuchable nuevo que salió ayer. No-siento-nada. Ni siquiera tristeza por no sentir nada. Solo vacío. Lo peor que puede pasarte como mentiroso es que a tu audiencia es que no le importe la grandiosa historia que tenés para contarle.
Podría tener algún tipo de historia de vida conmovedora de movilidad social ascendente como las del siglo pasado: de madre bruja esotérica y agrafa, a hija ingeniera que paga 100 lucas un viernes cualquiera a fin de mes. Podría, si tan solo este ser supiera... Preguntarme algo y escuchar.  
"No, no, la mía astróloga no es... ¿Te imaginás?" Se ríe de nuevo con esa risa horrible, y siento que o se le escapó un pedo o algo muy feo hay alrededor oliendo o quizás soy yo que para este momento de la noche me quiero ir a mi casa con mis gatas, hacer un twit misántropo cualquiera, hasta prendería la computadora y trabajaría en cosas pendientes. Podría fumarme un porro e irme a dormir escuchando música. Un disco más actual que Led Zeppelin II. 
Pero ya estoy embarcada. Ahora quiero ver dónde vive Elías y si efectivamente se llama Elías. Además algo me ancla: la sensación de que si me vuelvo ahora, ya, me voy a preguntar qué hubiera pasado si. No me banco no saber el final. No puede ser tan difícil sacarle el DNI o ver algún certificado de algo... En la casa todo está oscuro. Prendo la luz del living y es blanca. Pálida como la de un resonador. Me quiero morir. No. En realidad quiero no haber nacido nunca, abortarme retroactivamente. 
Le pregunto si tiene porro,  prende una tuca penosa y después la tele. Se genera algo parecido a un clima. Algo que está mucho menos lejos que antes de ser lindo. La luz de la tele es más cálida que la otra espantosa de hospital que está en el techo, entonces me levanto del sillón y la apago. Dejo solo la de la tele. 
Aprovecho y pongo un disco de Tame Impala. Elías me tira el humo de su porro en la cara, un gesto que él cree que le queda espectacular pero solo me hace toser. "Estás fuertísima, ¿Sabías?". Sí, ya lo sé, pelotudo del orto, voy al gimnasio todos los días y me cago de hambre. Si no estoy fuertísima así me tengo que cagar muriendo. No le respondo nada, sonrío haciéndome la tonta. Los tipos no buscan una compañera. Buscan porristas. 
"En la secundaria fui porrista, ¿Sabías?" Le digo iluminada por un halo de inspiración.
Elias levanta las cejas, sabe que lo estoy bolaceando: fue demasiado inverosímil porque acá en Argentina no hay porristas en ninguna secundaria. Es algo de las series yanquis de cuando éramos pendejos y solo habíamos leído Un mundo feliz. 
"Me das un poco de miedo, te confieso. Tenés como una aura... Avasallante". ¿Miedo? Pensé. No dije una puta palabra en toda la noche.  ¿"Una" aura? ¿Por qué la cacofonía? Claro, no sabe escuchar, por eso no le suena raro al decirlo. ¿Será sordo y mintió diciéndome que no? Pero Elías tiene linda voz y yo un toque fumada y un toque en pedo estoy entonces decidí jugar la mentira más fuerte de la noche: me mentí a mí misma haciéndome creer que estaba re caliente con el loco y le encajé un beso. "¿Avasallante así?"
Entonces hace algo que me descoloca: se levanta y va a buscar una birra a la heladera. Trae dos latas mugrosas, a penas frías, que seguro están en su casa desde el año en el que salió The dark side of the moon. Miro el celu: son las 3 de la mañana y nadie ha cojido con nadie todavía, y además de perder el tiempo fumando una tuca vieja y tomando birra caliente estoy escuchando en loop una canción que suena desde el YouTube gratis de una laptop a la que le falta la Ñ enchufada precariamente a una televisor del año del hornero. Me quiero pegar un tir0. Ojalá me encuentren y el primer sospechoso sea Elías. 
"En realidad mi vieja aprendió astrología por mi abuela, viste" suelta de toque y completamente fuera de contexto. Yo estaba con la mirada fija en el pixel del video de la canción que estaba sonando, y de repente el boludo con el que estoy perdiendo mi preciado viernes a la noche me señala una caja en la biblioteca: nada más y nada menos que una urna. "De mi abuela, que está ahí". Una urna con cenizas de una abuela muerta. 
Me levanto de un salto del sillón sin creer lo que escucho y lo que veo. El flaco me sonríe como diciendo "sí, te conté mi más precioso secreto". Claro, ahora entiendo por qué la gente miente. Nadie puede ir diciéndole a los demás que tiene las cenizas de su finada abuela en su biblioteca: no está bien. No es sano. Es eso pero con el volumen un toque más bajo, siempre la mentira está fundada en la aspiración de ser o pertenecer. Sí, me encanta Borges, me leí todas sus novelas. Amo Los redonditos de ricota. Son mi plato de pastas favorito. No, no tengo a mi abuela muerta en la biblioteca, es una locura eso.
Me parece que me estoy pasando de gauchita y fue suficiente. No voy a poder cojer con alguien que tiene una abuela muerta en su casa. Empiezo a mal flashear. Le digo a Elías que me abra y antes de despedirme para siempre de él, le digo que me transfiera lo de la cena y le paso mi alias. 
Llegué a mi casa de donde nunca tendría que haber salido, me desinstalé Tinder, Instagram, MiArgentina y solicité la eutanasia. O sea, espiritualmente hablando. Nadie quiere conocer a nadie, pensé. Sin ir más lejos yo misma, que me clavé con un forro que tiene a su abuela muerta en su biblioteca para explorar hasta dónde y hasta cuándo sostenía una mentira. Una mentira que ni siquiera empecé a decir, porque apenas pude hablar. 
Si tuviera el Delorean volvería exactamente el tiempo al día en que discutiendo con mi ex le dije que él necesitaba terapia más que yo. Le pediría disculpas y me comprometería a buscar un terapeuta mejor. De hecho haría eso mismo. Mejoraría, cambiaría. No lo dejaría ir jamás.
Sé que todo eso es mentira. Que en realidad me siento sola, despechada porque estoy solísima y herida y hace años no me enamoro de nadie y la complicidad que tenía con él no la pude ni siquiera empezar a imaginar con nadie más. Pudiendo decirme toda esta verdad, elegí mentirme. 
Sabía que era mentira, pero igual seguí por ese carril. "Haría todo mejor" me prometí. "Daría todo por no volver a conocer a ningún tipo más como Elías". 
No le hablo a ninguna amiga de todo esto. De mi fracaso hasta para inventarme una identidad graciosa. Sé que me van a decir cualquier otra mentira: hay muchos peces en el agua, el amor está afuera esperándote. Peor es culearte a tu ex. Son tiempos rarísimos.
¿Cómo creer que el amor está ahí afuera esperándome, si invito a salir a alguien y no es capaz ni siquiera de amagar a preguntarme algo sobre mi vida? Es más fácil preguntar que no hacerlo. Requiere más esfuerzo ignorar completamente al otro que lanzar un "¿Y vos?" de compromiso. ¿La gente se olvidó de cómo conversar? Es algo que la gente que está hace mucho tiempo de novia nunca va a entender. Algo se rompió y en la grieta simbólica quedamos de un lado los solteros y del otro los que están en pareja. Pero la gente se separa y se junta todo el tiempo... No sé. No así. Igual escarbás y nadie es del todo feliz: otra mentira que me digo para dormir tranquila. "Igual todos lloran. Como yo."
Pero bueno, peor es tener una urna con cenizas de tu abuela en tu biblioteca. 

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