Translate

Ponele las ventosas al hombre invisible

jueves, 15 de agosto de 2019

Recoleta ida y vuelta

NOVENTA Y DOS

Esta parada de colectivo es mía. Siempre que vengo a Almagro me acoge muy amablemente mientras espero el 92 para volver a casa. Escucho primero Somebody that I used to know y después People have the power en loop, una detrás de la otra sin parar hasta que viene el bondi y me subo y ahí dejo el random funcionando. Spotify acompaña el recorrido por Corrientes derecho, después atravesamos Palermo y luego llegamos al hospital que es la parada de casa. Me bajo. Llave en mano saltimbanqueo hasta llegar, cuando cruzo el umbral me siento a salvo. Una vez lei un tuit que decía que qué atinado que llamáramos "casa" al lugar seguro cuando jugábamos a la mancha. 
El otro día mientras esperaba el 92 muerta de frío y saltaba al ritmo de Patty Smith (i was dreaming in my dreamiiiing) llegó una chica a la parada cantando otra canción. Nuestras voces se superpusieron como cuando pones el rollo para atrás y sacas una foto encima de la otra. Somos las dueñas de la noche. No conozco la canción que está cantando, quisiera saber cuál es pero no voy a pausar mi loop por nada del mundo. Pienso que dos canciones no son suficientes, necesito una tercera para que se forme una Santísima Trinidad y el combo litúrgico esté completo. 
Almagro es tan desalineado y tiene un tufo que da calambre pero es tan mi infancia y adolescencia que lo amo profundamente. La gente tiene miedo a decir "te amo" me di cuenta. Los edificios que bordean mi parada están desparejos incluso en su posición respecto del asfalto.
Un holograma de una chica con unas trenzas muy mononas me mira desde el edificio de enfrente pero no me está mirando a mí. Siempre me dieron un montón de curiosidad esos cosos de PROSEGUR que te ponen al encargado del edificio en la tele me parece re scifi re futurista re cheto mal, pero Almagro no es cheto para nada y los hologramas esos son un poco tétricos.
Ese mismo día justo una amiga me dijo más temprano que lo que más le gustaba de ser grande era tener amigues que la alcanzaran en auto a su casa y yo le pregunté "en serio eso es lo que mas te gusta?" porque como no sé la diferencia entre ser grande y ser chico me tomo todo muy al pie de la letra. 
Bueno, a mí nadie me alcanza así que tuve que esperar el 92, así que supongo que todavía no estoy tan grande así que bueno, todavía puedo equivocarme mucho y no tomar decisiones tan sarpadas como qué tercera canción poner, el número dos es par, y es un seguro mano a mano, igual a igual, dualidad, binomio, etc, etc. La espera se hacía eterna por el frío. Pensé "cuando llegue calentaré sopa y pondré algo de fondo hasta dormir". Qué raro el futuro, nadie lo usa fuera de tuiter, o sí? 
La otra chica que esperaba el 92 conmigo se fue y me siento un poco traicionada. Pero no importa. En el lugar donde debería parar el colectivo hay un auto estacionado y el chico que lo manejaba se quedó dormido en él. Tuve miedo de que cuando venga el bondi no tenga dónde parar y siga de largo pero supongo que lo puede solucionar el colectivero eso. Mis amigas dicen que me preocupo por cosas que no dependen de mí. Preocuparse es como ocuparse antes de.
Viene de lejos, luces azules y verdes y la chica que creí que me había abandonado salió corriendo de no sé dónde y se metió antes que yo a pesar de haber llegado a la parada después y haber desaparecido un buen rato.

La gente tiene el poder. 





EL SÁBADO PIDE UN BESO

Primer desafío en serio desde que vivo sola. Tengo que sacar copias de las llaves porque me voy de viaje unos días y la gata va a quedar sola. Concubina está de viaje, por lo que le pedí a mi amiga Angie que venga a alimentar al felino mientras nadie está en la casa. Nunca me había pasado esto, siempre viví con gente. Buscar una ferretería abierta un sábado es más difícil de lo que pensaba. Google me tiró la dirección de varias que estaban cerradas y la última queda un poco más lejos. Es un sucucho dentro de una galería que está sobre Laprida. No pensé que estos lugares siguieran existiendo realmente. Entro y atrás mío una chica que intentó colarse pero la señora que atiende le dice que yo estaba primera. Le sonreí con la mirada, agradecida. Tiene aproximadamente mi altura y es muy gorda y muy linda, un corte muy parecido al que siempre quise hacerme pero nunca me animé porque me da dudas el pelo corto con los rulos. Usa anteojitos y sonríe de costado, todos los dientes torcidos. La chica que se intentó colar está enojada, la miro como pidiéndole perdón porque nadie merece enojarse un sábado tan lindo como este. La chica linda que atiende me pregunta qué llaves quiero copiar y le indico, las voy a sacar del llavero pero me dice “nono, dejalas ahí”. Es una experta. Alrededor mío cuelgan llaveros de siluetas de mujeres voluptosas que también ofician de abridor de cerveza. Son tornasolados, divinos. Me quiero comprar uno pero quizás quedo mal enfrente de la chica que atiende y no quiero causar una mala primera impresión. La chica hace las copias y se limpia los mocos con el suéter. Quiero que sea mi novia. “Probalas con la puerta abierta, eh, no te vayas a quedar encerrada afuera”. Me río, le digo que no. Que una vez salí y la chica que vive conmigo sacó la basura y se quedó en el pasillo como cuatro horas esperando que yo vuelva, porque me llamó un vecino y. Me doy cuenta de que la historia no le importa y la chica que se intentó colar realmente se va a enojar si me sigo demorando contando esta anécdota, que por otro lado tampoco es muy buena. “Hasta las ocho y media estamos”. “Gracias”, le digo y le dedico mi sonrisa más encantadora. Le pago y salgo. Me da miedo dejar a la gata sola pero creo que Angie le va a poder dar amor. Quizás debería pedirle a la chica de la cerrajería que venga a cuidarla y dejarle a ella la copia de las llaves. Es ruda, siempre quise salir con una chica ruda y muy cool, aunque no me gustaría estar atendiendo una cerrajería un sábado a la tarde. Tengo que ir a casa y probar las llaves antes de las 8:30. A pesar de que me esfuerzo por que no suceda eso siempre termino estando apurada aunque sea fin de semana. En el camino compro fruta, pan y Nutella. La chica del lugar de panes me hace ojitos y me dice que soy linda porque le hice un chiste enfrente de un gringo que no entendió que nos estábamos riendo de él. Pienso que ese pan que compré al gringo le debe haber salido muy barato. Pienso también que el mundo sería un lugar mucho menos espantoso si realmente pudiéramos cojer con todas las vendedoras lindas que hay en el barrio. ¿Cómo hace la gente para conocerse, invitarse a salir, tener onda y profundizar un vínculo? Una chica ruda estereotipo de chica que siempre me habría gustado tener de novia es Fabi Cantilo. Ella es una estrella de rock. Busco en Spotify, pongo “Una tregua” y me voy a merendar dando saltitos y cantando desafinado como siempre (“yo sé que te llamé esa tarde que volví de Nueva York / yo sé que le pedí al de arriba una tregua por favor”). La última vez que me rompieron realmente el corazón quedé devastada. Me pregunto si hay formas dignas de salir de una ruptura de corazón. Me acuerdo que por esos días conocí a alguien que me dijo que para investigar es imprescindible que mientras leés vayas anotándolo todo, y empecé a aplicar erradamente ese consejo, cual mantra, con la vida en general. Desde ese momento intento convertir cualquier estupidez en una historia decible. La verdadera pregunta es si existe aplicar un consejo de forma no errada.
La aplicación de Rappi me manda una notificación que dice “este fin de semana no cobraste”. Y no. La tecnología se ríe de mí tan obscenamente que me enoja un poco. Pero nadie merece estar enojada un sábado tan lindo como este.
“Conecté los cables correctos y apareciste”. 
Llego a casa, la copia de la llave anda mejor que la original.
Primer desafío en serio desde que vivo sola atravesado con éxito. 








HOY ME PORTÉ MAL

Hoy hice 3 cosas que no debía 

1 me colé en el subte 
2 le mandé una foto a mi ex de cuando estábamos juntxs
3 en el trabajo cuando me preguntaron si estaba feliz por el triunfo del peronismo dije "no"

El chabón de Metrovías me agarró en la escalera y me dijo "debería darte vergüenza". 
La excusa era que mi salario vale un 20% menos que ayer, pero mi jefe no lo entendió. 
Mi ex dice que a veces sueña conmigo y se levanta llorando.

(Nos extrañamos más por lo que pudo haber sido que por lo que efectivamente fue) 

Pensé que iba a estar contenta cuando perdiera Macri. 
Amenacé con irme a vivir al exterior si ganaba, más de diez veces,
(como hipócrita digna, denosté a los que hicieron lo mismo) 

Diez veces.  

La misma cantidad que pensé y le dije a mi ex que yo también

a veces me despierto y lloro 

pero ya no sueño más con él. 


Finjo demencia, le digo que me olvidé en casa la sube y no me cree. 
No soporta mi desacato a la autoridad: "a ver mostrame la mochila".
Pienso que yo obedezco a todos mis jefes.
Soy una persona muy responsable, 
siempre hago toda la tarea,
me saco las mejores notas,
soy el orgullo de mis papás.


Ya es suficiente.  
Exijo mi diaria rebeldía ineficaz, 
como cuando vivía con mi ex y comprábamos café instantáneo marca Dia% y lo batíamos con leche en polvo y llegábamos tarde al trabajo.
Daba clases de contabilidad y había una metáfora con un vermú y una aceituna pero ya no me la acuerdo. 

(Nos la enseñaron en el secundario cuando nadie sabía lo que era un vermú). 

Al jefe de ese momento le gustaba chuparse los dedos para pasar los billetes de mi salario en negro. 100, 200, 300. 
Como los 300 que le puse a la Sube hace unos días 

(en 2015 era más dinero). 


 "Vergüenza me dan otras cosas". 
Pero le digo que sí, que perdón: "no volverá a suceder" (que me descubras)

Quizás deje de fingir demencia y empiece a fingir cordura. 
Algún día voy a tener que aprenderme de memoria todas las reglas y seguirlas al pie de la letra:

1 En subte se viaja pagando
2 A los exs se los llora en silencio
3 La vuelta del peronismo se festeja




domingo, 4 de agosto de 2019

Diario de un duelo

MAYO

Cruzaste mi cara con todo tu desprecio, y ahora
mi venganza silenciosa y berreta es hacer todas las cosas que le criticábamos en la gente
para sentirnos moralmente superiores a lxs demás.
El juego lo proponías siempre vos y yo veneraba complacida y condescendiente:
mencionar una acción banal y defenestrar a quienes formaban parte de esa moda hasta el cansancio
(los chistes siempre son fáciles cuando te reís de otrxs)
señalar todo aquello que era aceptado para decir que tu  moral era altamente superior
(ay, te creías tan pero tan original, tan vanguardista criticar las cosas que hace todo el mundo)

Voy a hacer todas y cada una de las cosas que decíamos que nos parecían tontas
para convertirme en todo lo que odiás.

Voy a hacer lecturas de género forzadas y chafas, hablar mal de vos con tus amigxs, cojerme a todas y a cada una de las chicas que te gustan, pedirle a la gente que te taclee si te cruza en los pasillos de la Facultad
como si tuviéramos quince años.

Voy a ser todo eso que te molestaba que fuera,
desacatar todas las órdenes que te sentías con autoridad de darme,
escupirle en la cara al recuerdo de tu voz sentenciando "no seas tan escatológica" / "no seas tan exagerada" / "ay, te esforzás demasiado por salvar el romanticismo" / "¿por qué siempre tenés que limpiar todo ni bien terminás de usarlo?" / "entiendo que si esto no es como vos querés paso a ser uno más"
para que dejes de ser el peor de los recuerdos, y te conviertas en una absurda nada.

Mi venganza silenciosa es reacomodar todo como si nunca hubieras existido
"desconocerte" como tanto te gustaba decir cada vez que peleábamos y te pedía un poco de espacio
(y claro, la loca siempre era yo, que te dejaba tirado, pobrecito solitario y melancólico que tuvo siempre todos los vientos del mundo en contra)
fumar tabaco armado como antes de conocerte
y que todos nuestros chistes internos
y todo el universo que construimos juntxs
se prendan fuego
y que todas las noches que perdí en tu cama
se prendan fuego
y que todas las tardes inmóviles esperando tus mensajes
(y temblando de miedo cuando llegaban los reclamos)
se prendan fuego
y que todas las veces que salí llorando de tu casa porque sabía que quizás
mañana
te pintaba dejar de hablarme
se prendan fuego
y que todas las veces que me celabas porque te contaba de otrxs
se prendan fuego
y que todas las veces que te propuse planes y me dijiste que ay qué agobio qué miedo que me quieras qué difícil es el mundo, no, mejor me voy a cojer con otra
se prendan fuego
y que todo lo que le hiciste sufrir a ella también
se prenda fuego
y que todas las veces que me hiciste sentir mal con mi casa
se prendan fuego
y que todas las veces que intentaste justificarlo con alguna excusa
se prendan fuego

Finalmente,
voy a reír
y acabar
y jugar
y gozar
y seguir acabando
con todas y cada una de las personas que dijiste que te parecían desagradables
que no saliera con ellas porque no estaban a mi altura
(para vos nunca nadie estaba a mi altura,
solamente vos)
porque todas y cada una de ellas me hicieron sentir más linda
más querida
más deseada
más inteligente
y más interesante que vos.




JUNIO

Es la primera vez que levanto tanta fiebre desde que vivo con S. Se siente fantástico.
Estoy esperando que se cumplan 8 horas de la última vez que tomé tafirol 1g porque me encontré con Pichi ayer en la facultad y me dijo que no tome tantos de esos seguidos. Pichi sabe drogarse.
Me puse agua tibia en un repasador que tiene olor a lavandina. Tomo agua de la canilla y luego la gata toma de esa agua. Quizás me enfermé por compartir vasos con la gata.
Pienso en que si sobrevivo a esto no hay nada que no pueda hacer, porque me gusta exagerar con todo.
Ayer puse tu nombre (qué atragantada se siente esta segunda persona) en el freezer porque Cami me dijo que el eclipse era ideal para embrujar enemigos. Creo que el efecto fue el inverso y me embrujé a mí.
Ayer compré pilas para las luces navideñas. Hace mucho no tenían pilas. Creo que la última vez que tenían fue una noche que pasamos juntxs. Las dejé hasta que amaneció y la luz del día empezó a opacar la luz artificial, y la oscuridad se desvanecía, y yo pensaba ¿por qué te quiero tanto? Quería tanto que me quieras, quería tanto que funcionara, quería tanto que te exigí tanto, hago un mea culpa por eso, te escribiría un perdón re grande re grande así por mensaje de texto para decirte que eso enserio estuvo mal, que vos a la cita número tres (¿o número cuatro?) ya me habías dicho que no estabas listo para que te quisieran, y yo te insistí igual, pero después ¿para qué querías que me quede?
La temperatura ambiente ayuda a bajar la fiebre seguro, pienso, especulando a base de todos los capítulos de Dr house que miré. Fantaseo en que abro la ventana y tiro todas tus cosas por ahí y chau.
Quizás es eso lo que está embrujado.
La gata se percata de que tiemblo y se posa encima mío. Me amasa la panza y me deja abrazarla como nunca antes y me lame las manos. Mi vida no es igual desde que la traje de lo de mamá. Casualmente fue el mismo fin de semana que te saqué para siempre de mi existencia.
Es increíble como la conjugación de un par de factores que al parecer nada tienen que ver entre ellos influyen de una forma tan certera en la vida de una.
Me acuerdo cuando el año pasado estábamos preparando un parcial y yo me enfermé y vos te enojaste porque no podía ir a tu casa a llevarte los textos que te había impreso. Diariamente encontrabas una maravillosa coartada para enojarte conmigo y tenerme dos horas enchufada al teléfono pidiéndote perdón. El tiempo que perdí en eso no me lo va a devolver nadie.
Ese día lloré veinte minutos porque sentía que siempre hacía todo mal y nunca estaría a la altura. Te esperé tres horas y nos quedamos estudiando hasta las 2 de la mañana, yo con unas placas en la garganta -como ahora- y mucha fiebre -como ahora- que no me olvido más.
Me sentía la mujer más afortunada del mundo por tener en mi habitación al chico más lindo de la facultad.
Deshacerme de vos fue como bajar de golpe 40 grados de fiebre.
Hace poco viniste a la oficina a dejarme unos libros y pensé en que realmente vos me odiabas. No así como quien dice "rencor" o quien dice "te odio, Macri", vos realmente me odiabas. Odiabas que tuviera amigas que me quisieran, odiabas mi fanatismo por el amor, odiabas mi deseo de que las cosas fluyeran facilmente, odiabas que mi casa siempre estuviera ordenada, odiabas que siempre tuviera ganas de todo, odiabas que a pesar de saber que el mundo es horrible yo siempre esperara lo mejor de los demás, odiabas mi entrega desprejuiciada, odiabas que siempre tuviera cargadores para prestarte, odiabas mi poema de los cargadores, odiabas todos mis poemas "ayñ son excesivamente excplícitos y prosaicos y ayñ tan vacíos de metáforas", odiabas todas mis lecturas "ayñ, no, la China Iron no es una road movie torta, eso no es lo central", odiabas todo lo que subía a tuiter, y siempre me lo hacías saber. Me odiabas.
Ojalá que a la próxima persona que encuentres no la odies tanto como a mí.


JULIO o las cosas que más me gustan de este invierno

Me fascina acostarme con la gata después de un día larguísimo
La luz de la vecina de abajo entrando por la ventana 
Mover los pies entre las sábanas hasta que dejan de estar fríos

Me fascina, mientras camino por la calle, desempolvar mi ecléctica melomanía
Y regalarle a lxs transeúntes mi afonía desafinada
Flayar que me quedo dormida en el bondi y termino en cualquier lado 
Armar cigarrillos antes de bajar del subte como se garcha una tarde de invierno robada a la rutina
(Rápido y mal) 

Me fascina toda esta vida que construí
Lejos de vos

domingo, 28 de julio de 2019

25 de marzo de 2019

En esta casa somos un asco queriendo. 
Desagotamos la amargura como la cañería vieja de nuestro edificio. La correa de la persiana se cortó y mi habitación quedó a oscuras. A veces funciona el portero eléctrico, y ya tuvimos que comprar dos veces un nuevo flexible para el calefón. “Se calienta el teflón” nos dijo el encargado. “Pero para qué necesitan tanta agua caliente, che”. 
 Me persiguen las cosas que no digo y las que digo no me hacen falta. 

- Quizás ese día nadie dijo nada porque es legítimo también sentir que no estás preparado para frenar todas tus historias pasadas y las presentes para que empiece una nueva, entendés? Como que vos conocés a alguien, no? Y de repente estás atravesado por todo lo que te está pasando y podés elegir el camino a que es darle lugar a ese alguien, frenar momentáneamente todas tus historias para empezar a escribir con la otra persona, o el camino be que es seguir adelante con la vida como si no la hubieras conocido, y casi siempre solemos elegir el camino be, porque - S interrumpe
- Pero no sabés nada de cierres, por eso te gusta tanto escribir sobre amor
- ¡¿Acaso se puede escribir sobre otra cosa?!

No hay noche donde no nos encontremos en la cocina con las lagañas pegadas, busquemos algo dulce en la alacena, y no nombremos las cosas que hacen falta.
“Deberíamos comprar una escoba decente”. Como si nombrarlas hiciera que las cosas se materializaran.
Me calzo las ojotas y las medias a la vez, y le digo a S que no se torture, que amar es dar lo que no se tiene….

- ¿Ahora leés a Lacan?
- Lo leí en tuiter, pero lo cito como si lo hubiera leído.

¿Qué es lo que no tengo? En este momento, una correa para la persiana, por ejemplo. 
¿Qué es lo que sí tengo? En la heladera hay siempre huevos y leche. Mi mamá me enseñó a sacarle la cáscara al huevo sin romperlo todo de un tirón, y eso me sirvió más que muchas cosas que lei-. En un cajón, un flexible para agua fría que nunca colocamos porque el que estaba roto era el del agua caliente. Tres botellas de aceite. Muchas bolsas de café Bonafide que compramos de oferta en el día% y nos sentimos poderosas por haberle ganado al capitalismo.

Ya sé, le digo a S, como si hubiera cruzado el Rubicón de las respuestas, “tengo que encontrar una mujer parecida a ella”
Pero que esté en el mismo momento que yo, 
que quiera frenar todas sus historias (presentes y pasadas) para apostar a escribir algo conmigo
Así dejo de ser este cadáver exquisito que soy ahora.
Una vez me dijeron que está bien querer estar entero para ver a alguien y la verdad que nunca me tomé el atrevimiento de ser tan cautelosa 
No conozco eso de “no me siento preparado para”,
La torpeza me invade y como me llevo puestos los muebles y los pupitres de la facultad 
(aunque tal vez sea eso y nada más que eso, la razón por la cual
nunca digo que no). 
Pero esa vez 
Ni ella ni yo
Ni ella ni yo...
S dice que ya tomó una decisión, “y una vez que tomo decisiones, ya no hay vuelta atrás” y yo pienso que qué bien tener esa determinación, que qué mal duelar una relación, que no existen cierres determinantes y, más por vicio universitario que por sabiduría genuina, asevero enfáticamente cosas de las que no estoy segura ni con las que coincido plenamente.
Pero intento encontrar una respuesta estética a esta amargura
(O quizás convertir la amargura en algo estético). 

Hace tanto que no puedo escribir como me gustaría, en esta casa somos un asco escribiendo
Por eso leemos poemas ajenos
Para ver si de ahí sacamos algo 
Nombrarnos en palabras de otrxs
Ya son varias las noches donde cenamos helado, monologo sobre las heridas que abrazo y relamo como si fuera un gato, remato con algún chiste que involucre alguna anécdota banal del día (“sos la persona a la que le pasan las cosas más raras del mundo, sabías?”), S y a veces C, cuando está, festejan; al rato nos vamos a dormir concluyendo que qué tanto más fácil es cocinar una comida rica antes que construir una 

Pero no, ni ella ni yo... 

S se sentó en los banquitos que me prestó mi mamá. Los usábamos para todo cuando estábamos recién mudadas y no teníamos ni mesa ni sillas 
“te acordás cuando estuvimos una semana sin heladera? Parece que fue hace un siglo” pregunta
“Fue la peor semana de mi vida” le digo mientras unto nutella en una galletita de salvado 
“No, no fue” S sabe que exagero. “Qué difícil vincularse” concluye. “Casi tan difícil como cambiarle la correa a la persiana” digo. No debería ser tan difícil, pienso. Pero las cuestiones del deber ser son complicadas. Como el tema de la culpa y la responsabilidad afectiva que ahora se puso de moda (¿ahora se puso de moda?). 
Voy a robar con algo así para la próxima vez que quiera escribir algo. Un poema que diga “vine hasta acá a decirte que no quiero que me ames porque afrontar esa situación sería demasiado”.  

S y yo sabemos que es mentira. Que la semana sin heladera no fue tan terrible, que siempre voy a querer que me amen, que valga la pena juntarse aunque no estés del todo entero, y que en realidad ese día nadie dijo nada porque ya estaba todo dicho pero no hay forma posible de jugar con el sobre entendido

El monólogo sobre las miserias cotidianas concluye, pero esta vez el remate no está tan bueno: 
“por eso ese día nadie dijo nada, ni ella ni yo”.