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Ponele las ventosas al hombre invisible

domingo, 5 de abril de 2020

Un cuento para D


La otra noche soñé con D. En 2018 soñaba prácticamente todas las noches con ella. Desde entonces dejé de poder dormir bien. Cuando me levanté a las 3 de la tarde con el sabor de la mañana completamente perdida pensé “voy a escribir un cuento sobre D, mejor un poema sobre D, mejor otra cosa”. No escribí nada sobre D. Tampoco le escribí a M nuestro amigo en común. Hace un tiempo me lo crucé en la facu y le dije que íbamos a hacer un sindicato, el sindicato de quienes habíamos sido histeriqueadxs por D. No le dije histeriqueadxs, creo que usé una expresión como “romper el corazón”, pero no me acuerdo. M se rio. Me acuerdo que en otro poema en ese momento escribí “me aferro a la idea del sindicato”. Busco el poema pero me rindo en el intento. Mientras cocino el almuerzo pienso: sería la banda de los corazones solitarios del Sargento Pimienta pero con D. 

4 de julio de 2018
Hoy la madrugada se adelantó nuevamente a las 4 am. Me desperté como si hubiera dormido 8 mil años seguidos, con más energía que nunca. Miré el teléfono por cábala, la noche anterior había funcionado pero ésta ya no: la buena suerte no tiene patrones de conducta. 
Justo el lunes le comentaba a la terapeuta que siempre me resulta productiva la intensidad. Si, use el término “productivo”, quizás como resabio de la cantidad de textos de Historia que había leído, que hablaban de economía, productividad del suelo pampeano y demás. La llanura pampeana es el suelo ideal para una economía agroexportadora como la nuestra. Tiene el clima ideal, las propiedades del suelo ideal, todo para que funcione. Y aún así, nos morimos de hambre cada vez más. Qué paradoja, pienso, qué contradictorio cuando todo está dado para que las cosas funcionen y no funcionan.
En la economía de lxs escritorxs lo productivo no es lo que nos hace ganar dinero, sino lo que nos hace escribir. Yo le decía que escribía gracias a toda esta intensidad, que me cuesta quedarme en una zona de confort, que me cuesta estar tranquila, que sufro pero perdono rápido, que la entrega plena siempre después me produce desasosiego, desilusión, desencanto. Todas empiezan con “des”, porque no hay sustantivos para designar sino es por la negativa la pérdida del encanto. ¿Algo horrible es algo que perdió su encanto? ¿O es algo que nunca lo tuvo? El prefijo “des” también también aparece en palabras como “desapego”, “desestructurar”, “desarmar”. No encuentro sinónimos que las definan por la positiva, siempre se definen por la negativa. Tienen todo para funcionar y no. Son como el suelo pampeano. 

Todas las mujeres que me rompieron el corazón se parecen, las que me lo hicieron más grande, más lesbiano y más feliz lo hicieron cada una a su manera. Lo de la felicidad en realidad es dudoso. Lo del corazón también. Creo que ya estoy grande para usar expresiones como “romper el corazón”.
Con D nos encontrábamos casualmente en todos los eventos a los que íbamos, durante años. Hasta que tuvimos que aceptar que nos haríamos amigas. Ella vivía con su novio, después se separó. Cuando se mudó sola le regalé una frapera que me había robado de un cumpleaños de 15. Tomábamos cerveza y pedíamos comida. Siempre me decía que quería “probar estar” con alguna chica. Yo pensaba “y bueno, probá”. Nunca me animé a decirle “probá conmigo” pero estaba rendida a sus pies, respondía a todos sus llamados al instante, pasábamos horas chateando (¿qué horas? Días, semanas). Me perturbaba un poco lo alta que era y que siempre me hablara de los varones que le gustaban. Se anotó a cursar una materia conmigo. Se anotó a cursar otra materia conmigo. Se anotó a la carrera de guion donde yo había estudiado. Poco a poco fue tomando cada uno de mis espacios. No entendía si yo le gustaba o quería ser como yo. Tampoco se lo pregunté. Le entregué cada partecita de mí como quien junta entre las manos un puñado de arena y lo va deslizando por sus dedos de a poco para que caiga al mar. Con esa delicadeza y confianza. Cada vez que había un evento pensaba en ella, y eso que salía con otra gente mientras tanto. Pero era siempre la primera persona que pensaba para ir a lugares, ¿cómo se llama cuando estás completamente tomada por alguien? Había perdido total soberanía sobre mí, toda yo era de D. Pasábamos tanto tiempo juntas que todxs nos preguntaban si éramos novias. Yo vivía con mi madre en ese entonces y ella repetía casi todos los días “dios, te tenés que mudar ya, urgente, ¿cuándo te vas a ir de esa casa?”. Me hubiera gustado que me invitara a vivir con ella. Ahora que vivo sola me gustaría mandarle fotos de mi casa y que me de consejos para decorarla. Tiene un gusto increíble para la distribución de muebles en interiores. Hace poco me escribió un mensajito para juntarnos. Le pregunté: “¿para qué?”. Nunca me contestó.  
Siempre armábamos planes que nunca íbamos a concretar. Era sabido por las dos que nunca íbamos a concretarlos, el chiste era justamente ese: pensar el plan más delirante. Lo convertimos en un ritual hasta que el ritual empezó a asfixiarme. Desde entonces me prometí nunca más volver a pasarla así de mal. 
Una vez fuimos a leer juntas a una varieté donde nadie nos escuchó leer. La foto que nos sacaron esa noche es bellísima. Recuerdo que la puse en todas las redes sociales con el siguiente pie de foto: “quedate con quien te mire leer como yo a D”. Bailamos mucho y fichamos un montón de chicas. A una de ellas me la sigo encontrando en todos los eventos a los que voy, pero no sé cómo se llama ni nos hicimos amigas porque la buena suerte no tiene patrones de conducta. 

3 de julio de 2018
Ayer mi hermana y yo nos desvelamos a la misma hora. Cuando charlamos de esto mientras almorzábamos le pregunté si creía que un fantasma o algo así había pasado por la casa y nos había despertado a las dos a la vez.
Las razones de su desvelo y del mío no eran las mismas, pero que haya sido todo a la misma hora me hizo pensar que en realidad no estamos tan separados y aislados como creemos. En unos cuentos de Marcelo Cohen aparece una figura que se llama “panconsciencia”. Es como un interruptor que permite que en un momento u otro se conecten dos personas, vean lo que están pensando y después sigan con sus vidas como si nada. 
Pienso que vivir en una misma casa desde hace tanto tiempo capaz fomenta este tipo de conexiones entre desvelos, consciencias y demás. 
Por alguna razón a mi hermana le molestan las explicaciones de fantasmas. Le molesta todo lo sobrenatural. Hay cuestiones que resuenan en la cabeza de una y se hace imposible conciliar el sueño. Llamarlo "fantasmas" o "neurosis" no hace a la diferencia.

A D nunca la llamé por su nombre, tenía un apodo que no era mío, la mayoría de la gente le decía así. Por eso cuando pongo “D” pienso en otra mujer que me gustaba ese mismo año (2018 fue el año que más materias metí en la facultad y que más mujeres me gustaron y no me dieron bola. El otro día leí un tuit mío que decía eso y pensé “bueno, no estuvo tan mal. Peor es estar encerrada un mes en cuarentena porque probablemente vamos a morir todxs dentro de poco”). A esta D apenas la conocía. Me gustaba como…  ¿“platónicamente” le dicen? Una vez vi que se habían agregado a facebook mutuamente. D y D. No hablaba con ninguna de las dos y pensé en escribirle, a ambas, para decirles: “¿qué hacen, pakis curiosas?” pero no dije nada, porque además el término es despectivo y horrendo. Mi vida está demasiado atravesada por las redes sociales y me olvido que a veces afuera hay un mundo con colores y olores y otros detalles que tengo miedo de perderme. Como cuando vas mucho tiempo mirando el celu y levantas la mirada y te das cuenta de que el cielo está naranja empasado después de llover, por la ventanilla en el bondi. Ahora extraño mucho andar en colectivo, o simplemente salir de mi casa, ¿dónde estarán todas las D a todo esto?   
Ese día que nos cruzamos en la facultad nuestro amigo M me preguntó cómo había hecho para olvidarme tan rápido de ella. “No fue tan rápido, y creo que me deserotizó la maldad” le contesté. Aunque tendría que haberle contestado la verdad: desistí por cansancio. Es agotador querer y que no te quieran. Mi ex me decía siempre “vos vivís tirando agua para tu molino”. Nunca le contesté que en mi cabeza, mi molino era nuestro molino. Contestarle eso hubiera sido reconocer que -otra vez- yo estaba queriendo más de lo que ella me quería. La buena suerte no tiene patrones de conducta pero yo sí. 

21 de junio de 2018
Sueño número 4
Soñé que la chica que me gusta me pedía que le fuera a cuidar la casa mientras ella llevaba a su abuela al hospital. “Un toque y vengo, ponete la tele si querés, o música; podés usar la compu, bah, podés usar lo que quieras, yo no voy a tardar mucho. Cualquier cosa te llamo” me decía. Estar yo sola entre sus cosas, teniendo absolutamente todo para mí y poder espiar cuanto yo quisiera me dio una sensación de intimidad trunca, incompleta. Estaba yo, voyeur expectante, con todos los objetos de una persona. Los objetos vendrían a ser como la materialidad de ese ser. Pero no estaba ella. 
Cuando me desperté me sentí terriblemente sola.

El día que peleé por primera vez con D vez le dije a un amigo que no quería más. No quería más mendigar amor. No quería estar siempre atrás suyo persiguiéndola para que deje de llorar por el idiota de su novio. O su ex. No recuerdo qué eran para ese entonces. Sí me acuerdo de un sueño que tuve en 2018, y que sí escribí ni bien me levanté: D y yo, en un auto, el novio la maltrataba y yo le gritaba. Bajábamos del auto y yo le agarraba la cara y la miraba de cerca y le decía “vos merecés a alguien que te quiera bien”. Pero no me animaba a decirle “como yo”. Para ese entonces pensé que ese sueño se trataba de la otra D, la platónica. De hecho, estaba segura y se lo conté a D diciéndole “no paro de soñar con ella”. Tendría que haberle dicho “no paro de soñar con vos”. Todas las mujeres que me rompieron el corazón se parecen. Las que me hicieron feliz lo hicieron cada una a su manera.

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