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Ponele las ventosas al hombre invisible

martes, 29 de septiembre de 2020

Más de seis meses en aislamiento

Cuando tenía 24 años salí con una mujer bastante más grande que yo. Tenía (en ese momento) (supongo tiene ahora también) la risa y las manos más lindas del mundo. 

Mes 1: Le mentí a las personas incorrectas para cobrarle a este mundo intrépido sus injusticias. Igual me quedé con sabor a poco.

Unos meses, un viaje e incontables salidas después dejamos de vernos. Terminó, como la mayoría de las cosas felices, tan rápido que un poco creí haberme inventado todo lo que había pasado entre nosotras.


Mes 2: Me excusé todas las veces que tenía que hacerlo porque me importan más las formas que el contenido. Igual no me perdonaron.


Una vez me preguntó si le iba a escribir un poema. Le escribí varios poemas, pero ninguno me convencía del todo.  


Mes 3: Quise conocerla e inventarme en un mundo que ya no existe. Los cuerpos que amé, las mujeres que desnudé, los lugares que visité. Las horas en las que dormí y en las que no dormí. Las noches frías esperando el colectivo, las noches de verano bailando en la calle. Todo eso ya no importa. Nunca la soledad fue tan concreta, entonces, ¿cómo? 


Ella le había dicho a todas sus amigas que yo tenía 25 años. Por algún motivo la ecuación le cerraba enunciada de esa forma. No existieron circunstancias donde me lo preguntaran directamente, así que no tuve que mentir con mi edad ni una sola vez. 


Mes 4: Me quedé esperando mensajes, señales, algo. Todo fue en vano. Absolutamente inconducente. Además, ¿para qué? Hablando nunca se entendió la gente.


El día que cumplí 25 años llevábamos varios meses sin vernos.  Me sentí entonces igual que cuando tenía 24. La quería como desde el primer día que la vi, y la extrañaba como desde el último.


Mes 5: Me vengué eliminando de mi horizonte de referencias todas las canciones, todas las fotos, todos los conceptos que me recuerden a ella. También fue inconducente. Las excusas para recordarla aparecen sin que las busque. No tengo suficiente coraje para olvidarla, para empezar a escribir otra historia. No puedo. No me alcanzan las horas ni los días para hacer este esfuerzo, ya hago demasiados.


A las 00:00 am intenté encontrar en ese pasaje entre un año y el otro todas y cada una de las razones por las cuales habíamos dejado de estar juntas.


Mes 6: Las palabras que existen en el mundo (si algo existe está en el mundo me dijeron una vez, te gusta ser redundante cuando escribís) no abastecen lo que se siente estos días en el encierro.


No vinieron a mí las verdades ni las explicaciones. Pero al menos ya tenía escrito mi (su) poema.