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Ponele las ventosas al hombre invisible

lunes, 20 de abril de 2020

Simulación

Borges no entendió nada cuando escribió “El simulacro”. Es un cuento sobre el funeral de Evita. Cuando lo acusan de gorila siempre ponen ese ejemplo. El cuento no solamente es feo de leer si no que destila odio de clase. Transcurre en una chacra en Chaco, cerca del río. Tiene aire exterior por donde lo mires. Leer cosas donde hay aire me da claustrofobia. Y también me enoja que no tiene idea de lo que era simular. Ni la más pálida idea. Creo que nadie sabía lo que era hasta que nos tuvimos que encerrar a todxs porque afuera estaba el bicho.
Todo el día vivimos en un “como si” . Simulamos que salimos entonces subimos a la terraza. Simulo hacer deporte, entonces subo un tramo de escalera y lo vuelvo a bajar, una dos tres veces. Sami tiene las manos ocupadas, “si no estuviera con el mate te filmaría” me dice. Imito a esos que suben videitos a instagram diciendo que hay que aprovechar la cuarentena para. “¡¡¡¡Aprovechá este encierro para despertar a todo tu edificio haciendo esta pelotudez en tu escalera!!!!”digo. Nos reimos en serio. Finalmente termino de subir y me quedo sin aire. La terraza hace las veces de balcón, simulamos estar en el mundo exterior, me llama una amiga por zoom, tomamos mate cada una en su casa. Intento subir a una parte de la terraza donde está lleno de cables, pienso “no es un gran plan accidentarse en este momento”. Mi amiga se ríe, se fuma un pucho y la veo a través de la pantalla del celu y pienso en la última vez que fui a su casa a estudiar y estuvimos hablando dos horas de cómo nos habían roto el corazón hace poco.
Simulo un encuentro con familiares jugando al tutti fruti por zoom. Nos conectamos a las 7 en punto. Tengo un mate y picada de frutas, siempre que voy a lo de mi mamá comemos picada de fruta y tomamos mate. Me deprimo. Todo esto de las videollamadas y los barbijos me deprime. Toda la estética hacemos lo que podemos con la pandemia me deprime. Ya sé que es buena onda y sarasa sarasa. Simplemente no puedo, no me la trago. Un rato está bien. Después ya no.
Mi abuela me envía un mensaje y simulo que me da risa, me preocupa que siga haciendo su vida como si nada porque si se muere nadie va a poder ir a verla. Mi padre me llama por whatsapp. Estoy pelando garbanzos y él también. Nos reimos, los dos vamos a hacer hummus esa noche. Simulo que estoy entera para contenerlo, simulo tener todo controlado. Unx se da cuenta de que creció cuando empieza a reconocer también la fragilidad de lxs padres.
Es sábado a la noche, simulo que estoy en una cita. Me pongo linda de la cintura para arriba pero abajo estoy en ojotas con medias. La noche es cálida, abro la ventana, tengo ganas de prenderme un cigarrillo. Tengo un rodete que me saco al minuto 10 de encuentro y dejo lucir mi melena que está más salvaje que nunca. La seducción se difumina entre una computadora y la otra, no hay forma de desempolvar mis encantos si no puedo mirar a los ojos a alguien, si no puedo sentir su cuerpo en el espacio. Mis muletillas se vuelven absurdas en esta distancia pero igual me río mucho. Tomamos cerveza y hacemos lo que podemos, hablamos también de cómo hace poco nos rompieron el corazón.
Simulo que no tengo el corazón roto, entonces leo, leo y escribo, trabajo todo el día, me pongo algodón con té en los ojos. Cuando todo esto termine voy a estar más ciega que de costumbre. “Cuando todo esto termine” es un pensamiento recurrente, a la vez que “¿cuántas veces se pueden lavar los platos en un mismo día?” y “debería haberme hecho el corte que quería antes de que empezara todo esto”.
Simulo que no la extraño. Simulo que no quiero saber nada de ella y de cómo está pasando el encierro. Simulo que no me araño los dedos para no escribirle ningún mensaje. Desapareció de todos lados. No tengo modo de enterarme, no pregunto, no sé, pero quiero saber. “Qué dolor hacer como si fuéramos dos desconocidas” también es un pensamiento recurrente. Hay días en los que todo lo que tengo me hace acordar a ella, hay días en los que ni siquiera me acuerdo su cara, su voz o su nombre. Cuando era adolescente estaba obsesionada con una frase de Roger Waters que decía "la memoria es algo raro, la historia es para los tontos". Simulo que le escribo un mail en son de paz, simulo que le escribo otro en son de guerra. Ningún acuerdo sirve. Hago pactos conmigo misma que después no cumplo. Me puse quince veces una fecha límite para dejar de estar triste por ella. Simulo que el desamor es un sentimiento controlable por la razón, me reitero a mí misma que esto no puede atravesarme así, que no merece la pena: "un verano juntas no puede haberme significado tanto". Prorrogo los deadlines sistemáticamente: hasta mediados de mayo está bien seguir dándole vueltas. Más tiempo no. Escucho mucha música, simulo que me lleva a algún lado pero sigo encerrada mirando por la ventana. Simulo que la música es otra cosa. No debemos estar hechxs para vivir sin todas las cosas que nos gustan alrededor. A la noche las luces de lxs vecinxs se prenden y es mi hora preferida del día, cuando se está poniendo el sol y están todas las ventanitas iluminadas. Simulo que todos los recuerdos del poco tiempo que pasamos juntas no me significan nada, que en comparación al resto de cosas que viví, pum, se difuminan, no existe. Que su amor no supo mostrarme cosas diferentes. Simulo que lo que vivimos no fue importante para mí. El mundo se puso en pausa justo el día que dejamos de hablarnos para siempre y se me quedó su existencia pegada al cuerpo. Quiero hacer ruido hasta que se entere que pienso en ella y que ya la perdoné, pero no sé bien cómo. Simulo que no me importa, sigo con mi vida. Cuando me pregunten qué hice durante la mitad del año 2020 voy a decir “estuve en mi casa simulando que vivía”. Por suerte vivo con mi amiga y con la gata, tenemos una rutina. Hay días que ni siquiera hablamos, pero nos ofrecemos comida. Pedimos cosas ricas por delivery o las cocinamos nosotras, hacemos lo que podemos.
Arrancaron las clases a distancia, simulamos todxs que esto es un cuatrimestre. Las estrategias de todxs para transmitir los saberes son de las más ingeniosas, al punto de que un poco me emociona porque se nota la extrema voluntad, y los pocos recursos con los que contamos. El amor toma formas muy diversas en el encierro. El llanto también. 
Río con amigues en los grupos de whatsapp, eso me mantiene con vida y me da toda la paciencia que necesito para afrontar la contienda cotidiana de la simulación. Ya se me acabaron las palabras. Duermo hasta 14 horas de noche, sueño como si no hubiera un mañana. El invierno es mi estación favorita y me la voy a perder. Me estoy perdiendo Puan a las seis de la tarde mientras cae el sol y hay algún plan de después del trabajo en algún barcito cerca. Me estoy perdiendo los cafés a las corridas, los almuerzos en el colectivo, la vida ajetreada que llevaba y de la que no debería haberme quejado tanto. Simulo que no es peor salir y enfermarse o enfermar, y me perdono a mí misma el egoísmo de querer por un minuto que todo sea como antes.

domingo, 5 de abril de 2020

Un cuento para D


La otra noche soñé con D. En 2018 soñaba prácticamente todas las noches con ella. Desde entonces dejé de poder dormir bien. Cuando me levanté a las 3 de la tarde con el sabor de la mañana completamente perdida pensé “voy a escribir un cuento sobre D, mejor un poema sobre D, mejor otra cosa”. No escribí nada sobre D. Tampoco le escribí a M nuestro amigo en común. Hace un tiempo me lo crucé en la facu y le dije que íbamos a hacer un sindicato, el sindicato de quienes habíamos sido histeriqueadxs por D. No le dije histeriqueadxs, creo que usé una expresión como “romper el corazón”, pero no me acuerdo. M se rio. Me acuerdo que en otro poema en ese momento escribí “me aferro a la idea del sindicato”. Busco el poema pero me rindo en el intento. Mientras cocino el almuerzo pienso: sería la banda de los corazones solitarios del Sargento Pimienta pero con D. 

4 de julio de 2018
Hoy la madrugada se adelantó nuevamente a las 4 am. Me desperté como si hubiera dormido 8 mil años seguidos, con más energía que nunca. Miré el teléfono por cábala, la noche anterior había funcionado pero ésta ya no: la buena suerte no tiene patrones de conducta. 
Justo el lunes le comentaba a la terapeuta que siempre me resulta productiva la intensidad. Si, use el término “productivo”, quizás como resabio de la cantidad de textos de Historia que había leído, que hablaban de economía, productividad del suelo pampeano y demás. La llanura pampeana es el suelo ideal para una economía agroexportadora como la nuestra. Tiene el clima ideal, las propiedades del suelo ideal, todo para que funcione. Y aún así, nos morimos de hambre cada vez más. Qué paradoja, pienso, qué contradictorio cuando todo está dado para que las cosas funcionen y no funcionan.
En la economía de lxs escritorxs lo productivo no es lo que nos hace ganar dinero, sino lo que nos hace escribir. Yo le decía que escribía gracias a toda esta intensidad, que me cuesta quedarme en una zona de confort, que me cuesta estar tranquila, que sufro pero perdono rápido, que la entrega plena siempre después me produce desasosiego, desilusión, desencanto. Todas empiezan con “des”, porque no hay sustantivos para designar sino es por la negativa la pérdida del encanto. ¿Algo horrible es algo que perdió su encanto? ¿O es algo que nunca lo tuvo? El prefijo “des” también también aparece en palabras como “desapego”, “desestructurar”, “desarmar”. No encuentro sinónimos que las definan por la positiva, siempre se definen por la negativa. Tienen todo para funcionar y no. Son como el suelo pampeano. 

Todas las mujeres que me rompieron el corazón se parecen, las que me lo hicieron más grande, más lesbiano y más feliz lo hicieron cada una a su manera. Lo de la felicidad en realidad es dudoso. Lo del corazón también. Creo que ya estoy grande para usar expresiones como “romper el corazón”.
Con D nos encontrábamos casualmente en todos los eventos a los que íbamos, durante años. Hasta que tuvimos que aceptar que nos haríamos amigas. Ella vivía con su novio, después se separó. Cuando se mudó sola le regalé una frapera que me había robado de un cumpleaños de 15. Tomábamos cerveza y pedíamos comida. Siempre me decía que quería “probar estar” con alguna chica. Yo pensaba “y bueno, probá”. Nunca me animé a decirle “probá conmigo” pero estaba rendida a sus pies, respondía a todos sus llamados al instante, pasábamos horas chateando (¿qué horas? Días, semanas). Me perturbaba un poco lo alta que era y que siempre me hablara de los varones que le gustaban. Se anotó a cursar una materia conmigo. Se anotó a cursar otra materia conmigo. Se anotó a la carrera de guion donde yo había estudiado. Poco a poco fue tomando cada uno de mis espacios. No entendía si yo le gustaba o quería ser como yo. Tampoco se lo pregunté. Le entregué cada partecita de mí como quien junta entre las manos un puñado de arena y lo va deslizando por sus dedos de a poco para que caiga al mar. Con esa delicadeza y confianza. Cada vez que había un evento pensaba en ella, y eso que salía con otra gente mientras tanto. Pero era siempre la primera persona que pensaba para ir a lugares, ¿cómo se llama cuando estás completamente tomada por alguien? Había perdido total soberanía sobre mí, toda yo era de D. Pasábamos tanto tiempo juntas que todxs nos preguntaban si éramos novias. Yo vivía con mi madre en ese entonces y ella repetía casi todos los días “dios, te tenés que mudar ya, urgente, ¿cuándo te vas a ir de esa casa?”. Me hubiera gustado que me invitara a vivir con ella. Ahora que vivo sola me gustaría mandarle fotos de mi casa y que me de consejos para decorarla. Tiene un gusto increíble para la distribución de muebles en interiores. Hace poco me escribió un mensajito para juntarnos. Le pregunté: “¿para qué?”. Nunca me contestó.  
Siempre armábamos planes que nunca íbamos a concretar. Era sabido por las dos que nunca íbamos a concretarlos, el chiste era justamente ese: pensar el plan más delirante. Lo convertimos en un ritual hasta que el ritual empezó a asfixiarme. Desde entonces me prometí nunca más volver a pasarla así de mal. 
Una vez fuimos a leer juntas a una varieté donde nadie nos escuchó leer. La foto que nos sacaron esa noche es bellísima. Recuerdo que la puse en todas las redes sociales con el siguiente pie de foto: “quedate con quien te mire leer como yo a D”. Bailamos mucho y fichamos un montón de chicas. A una de ellas me la sigo encontrando en todos los eventos a los que voy, pero no sé cómo se llama ni nos hicimos amigas porque la buena suerte no tiene patrones de conducta. 

3 de julio de 2018
Ayer mi hermana y yo nos desvelamos a la misma hora. Cuando charlamos de esto mientras almorzábamos le pregunté si creía que un fantasma o algo así había pasado por la casa y nos había despertado a las dos a la vez.
Las razones de su desvelo y del mío no eran las mismas, pero que haya sido todo a la misma hora me hizo pensar que en realidad no estamos tan separados y aislados como creemos. En unos cuentos de Marcelo Cohen aparece una figura que se llama “panconsciencia”. Es como un interruptor que permite que en un momento u otro se conecten dos personas, vean lo que están pensando y después sigan con sus vidas como si nada. 
Pienso que vivir en una misma casa desde hace tanto tiempo capaz fomenta este tipo de conexiones entre desvelos, consciencias y demás. 
Por alguna razón a mi hermana le molestan las explicaciones de fantasmas. Le molesta todo lo sobrenatural. Hay cuestiones que resuenan en la cabeza de una y se hace imposible conciliar el sueño. Llamarlo "fantasmas" o "neurosis" no hace a la diferencia.

A D nunca la llamé por su nombre, tenía un apodo que no era mío, la mayoría de la gente le decía así. Por eso cuando pongo “D” pienso en otra mujer que me gustaba ese mismo año (2018 fue el año que más materias metí en la facultad y que más mujeres me gustaron y no me dieron bola. El otro día leí un tuit mío que decía eso y pensé “bueno, no estuvo tan mal. Peor es estar encerrada un mes en cuarentena porque probablemente vamos a morir todxs dentro de poco”). A esta D apenas la conocía. Me gustaba como…  ¿“platónicamente” le dicen? Una vez vi que se habían agregado a facebook mutuamente. D y D. No hablaba con ninguna de las dos y pensé en escribirle, a ambas, para decirles: “¿qué hacen, pakis curiosas?” pero no dije nada, porque además el término es despectivo y horrendo. Mi vida está demasiado atravesada por las redes sociales y me olvido que a veces afuera hay un mundo con colores y olores y otros detalles que tengo miedo de perderme. Como cuando vas mucho tiempo mirando el celu y levantas la mirada y te das cuenta de que el cielo está naranja empasado después de llover, por la ventanilla en el bondi. Ahora extraño mucho andar en colectivo, o simplemente salir de mi casa, ¿dónde estarán todas las D a todo esto?   
Ese día que nos cruzamos en la facultad nuestro amigo M me preguntó cómo había hecho para olvidarme tan rápido de ella. “No fue tan rápido, y creo que me deserotizó la maldad” le contesté. Aunque tendría que haberle contestado la verdad: desistí por cansancio. Es agotador querer y que no te quieran. Mi ex me decía siempre “vos vivís tirando agua para tu molino”. Nunca le contesté que en mi cabeza, mi molino era nuestro molino. Contestarle eso hubiera sido reconocer que -otra vez- yo estaba queriendo más de lo que ella me quería. La buena suerte no tiene patrones de conducta pero yo sí. 

21 de junio de 2018
Sueño número 4
Soñé que la chica que me gusta me pedía que le fuera a cuidar la casa mientras ella llevaba a su abuela al hospital. “Un toque y vengo, ponete la tele si querés, o música; podés usar la compu, bah, podés usar lo que quieras, yo no voy a tardar mucho. Cualquier cosa te llamo” me decía. Estar yo sola entre sus cosas, teniendo absolutamente todo para mí y poder espiar cuanto yo quisiera me dio una sensación de intimidad trunca, incompleta. Estaba yo, voyeur expectante, con todos los objetos de una persona. Los objetos vendrían a ser como la materialidad de ese ser. Pero no estaba ella. 
Cuando me desperté me sentí terriblemente sola.

El día que peleé por primera vez con D vez le dije a un amigo que no quería más. No quería más mendigar amor. No quería estar siempre atrás suyo persiguiéndola para que deje de llorar por el idiota de su novio. O su ex. No recuerdo qué eran para ese entonces. Sí me acuerdo de un sueño que tuve en 2018, y que sí escribí ni bien me levanté: D y yo, en un auto, el novio la maltrataba y yo le gritaba. Bajábamos del auto y yo le agarraba la cara y la miraba de cerca y le decía “vos merecés a alguien que te quiera bien”. Pero no me animaba a decirle “como yo”. Para ese entonces pensé que ese sueño se trataba de la otra D, la platónica. De hecho, estaba segura y se lo conté a D diciéndole “no paro de soñar con ella”. Tendría que haberle dicho “no paro de soñar con vos”. Todas las mujeres que me rompieron el corazón se parecen. Las que me hicieron feliz lo hicieron cada una a su manera.